martes, 22 de mayo de 2012

Para defender a TBA, una directora declaró que su hija iba en el tren de la tragedia


“Si tuviese duda sobre el funcionamiento, jamás habría permitido que mi hija viaje”, dijo.


Los directores de Trenes de Buenos Aires (TBA) que han declarado ante el juez Claudio Bonadio mantienen una línea argumental de la que no se apartan salvo en raras ocasiones. Los integrantes del directorio de TBA, la firma que explota los ferrocarriles Sarmiento y Mitre, presentan escritos en los que se lamentan por lo sucedido el 22 de febrero pasado, niegan tener responsabilidades, culpan al maquinista del tren por el choque contra la estación de Once y aseguran que el Estado –en los últimos 14 años por lo menos– no hizo las inversiones que debía hacer.

La que se apartó apenas de ese libreto judicial fue Laura Ballesteros, integrante del directorio que declaró la semana pasada. Al inicio de su escrito hizo lo que hicieron todos los ejecutivos de TBA que pasaron por Tribunales: se lamentó por el choque .“No puedo dejar de expresar como la congoja generada por las lamentables consecuencias del accidente acaecido el día 22 de febrero de 2012 en la estación Once”, dijo Ballesteros. Y a esa congoja le agregó un argumento personal : “En especial porque mi hija, Romina Paola Oliva Ballesteros, viajaba en el último coche de la formación 3772 (chapa 16) en el momento el hecho; no tuvo lesiones de consideración”.

El tren 3772 formación 16 fue el que chocó contra el final del andén de Once: ese choque dejó un saldo de 51 muertos y más de 700 heridos.

Ballesteros utilizó la su historia familiar para reforzar sus argumentos de defensa de TBA: “Lo que debe quedar absolutamente claro es lo siguiente: si yo como directora de TBA SA tuviese la más mínima duda sobre el correcto funcionamiento y condiciones de seguridad operativa de las formaciones que corren diariamente en la Línea Sarmiento, jamás habría permitido que mi hija viaje en dicho medio de transporte, además de que habría renunciado al cargo que ejerzo”.

Luego de ese sinceramiento, Ballesteros se remitió a la interpretación de peritaje mecánico que hicieron varios ingenieros, en el que se dice que los frenos funcionaron y que la responsabilidad fue del maquinista Marcos Antonio Córdoba, quien aquel día manejaba el tren. En TBA lo acusan de no haber aplicado el freno como corresponde y de haberse quedado dormido en los últimos metros de aquel fatídico viaje.

Ballesteros, que en su presentación señala que está en el directorio desde hace poco más de un año y que sólo cumple tareas administrativas, se refirió a la deficiente inversión del Estado en los ferrocarriles. Explicó cuáles fueron las modificaciones del contrato a partir de 1998 –cuando comienzan las falencias económico-financieras, según TBA– y agregó que “el Estado ha reconocido pacíficamente que hubo un desfasaje en la ecuación económico y financiera establecida en el contratos de concesión”.

En la misma senda transitaron las presentaciones del resto de los indagados. Aducen faltas de inversión, consideran que el mantenimiento era correcto y culpan a Córdoba. También piden sus sobreseimientos.
Fuente: Clarin

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